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No
se acuerda el cura de cuando fue sacristán. |
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Hombre
prevenido vale por dos. |
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No
hay peor cuña que la de la misma madera. |
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No
por mucho madrugar amanece más temprano. |
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Cuando
el hombre es celoso, molesta; cuando no lo es, irrita. |
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Cría
cuervos y te sacarán los ojos. |
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Cuando
fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque, ten
paciencia. |
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No
hay peor sordo que el que no quiere oír. |
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Quien
a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. |
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Afortunado
en el juego, desgraciado en amores. |
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Unos
nacen con estrella, y otros nacen estrellados. |
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La
caridad bien entendida empieza por uno mismo. |
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Pedir
celos es despertar a alguien que está durmiendo. |
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Cada
uno habla de la feria según como le va en ella. |
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Al
que al cielo escupe, en la cara le cae. |
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No
hay que vender la piel del oso antes de haberlo cazado. |
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Soñaba
el ciego que veía, y soñaba lo que quería. |
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Cuando
el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas. |
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No
hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague. |
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Entre
todos la mataron y ella sola se murió. |
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Cuando
las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. |
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La
ropa sucia se debe lavar en casa. |
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A
buen hambre no hay pan duro. |
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No
es lo mismo predicar que dar trigo. |
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Más
sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena. |
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